De la perpetuidad en Bruselas a la vida en Tánger : El increíble destino de Mounir Iben Lakhal

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De la perpetuidad en Bruselas a la vida en Tánger : El increíble destino de Mounir Iben Lakhal

Después de cumplir una condena de prisión perpetua impuesta en 1992 en Bruselas, Mounir Iben Lakhal intenta ahora reconstruir su vida en Tánger. Expulsado a Marruecos en 2010, este hombre de 55 años cuenta su difícil trayectoria, desde la total precariedad hasta su actual estabilidad profesional.

Confrontado a las consecuencias de su dura condena judicial en Bélgica, Mounir Iben Lakhal reside ahora en Tánger, donde intenta reconstruir su existencia después de más de veinte años de detención. Este hombre, que cumplió una pena de trabajos forzados perpetuos impuesta por la Corte de Asises de Bruselas el 20 de marzo de 1992, se esfuerza ahora por integrarse socialmente en la sociedad marroquí, lejos del pasado criminal que marcó su juventud.

Los hechos que llevaron a su encarcelamiento se remontan a finales de los años 80. Mounir Iben Lakhal había sido declarado culpable de una serie de cuarenta y cinco agresiones y robos contra personas octogenarias en varios municipios de Bruselas, dos de las cuales fallecieron a causa de sus heridas. En aquella época, los investigadores perseguían a un individuo que se introducía en casa de sus víctimas con pretextos antes de agredirlas para robarles dinero y joyas. Durante su juicio, se había descrito el recorrido del acusado como el de un niño privado de afecto, que había sufrido graves abusos durante sus primeros años en Saint-Gilles, donde relata haber sido encerrado y encadenado por su madre en un desván, según informa La Dernière heure.

Después de pasar casi veintiún años entre rejas, Mounir Iben Lakhal obtuvo la libertad condicional el 4 de julio de 2010. Esta salida de prisión iba acompañada de una medida de alejamiento del territorio belga por un período de diez años, obligándole a instalarse en Marruecos. Aunque nació en Fez, el interesado vivió este traslado como un completo desarraigo, ya que conocía muy poco su país de origen, al que había dejado durante su infancia. De hecho, confesó sentirse más cercano a la cultura belga que a la realidad marroquí a su llegada.

La fase inicial de su reinstalación en Marruecos estuvo marcada por una gran precariedad, según cuenta. Rechazado por su padre biológico y sin haber recibido la ayuda prometida por algunos miembros de su familia, pasó por un período muy difícil durante dieciocho meses, durmiendo en la calle y luchando por su subsistencia. Mounir Iben Lakhal también plantea un problema financiero relacionado con las prestaciones sociales belgas que, según sus palabras, habrían sido interceptadas por un tercero sin su conocimiento durante quince años.

Actualmente de 55 años, Mounir Iben Lakhal ha estabilizado su situación profesional trabajando en centros de llamadas en Tánger que operan para el mercado belga. Llevando una vida solitaria y percibiendo un salario mensual de 4.500 dírhams, considera que este ingreso es suficiente para cubrir sus necesidades básicas.

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