"Marruecos : Un viaje mágico entre medinas milenarias y dunas doradas"

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"Marruecos : Un viaje mágico entre medinas milenarias y dunas doradas"

Desde las montañas del Atlas hasta las dunas del Sáhara, pasando por Marrakech, Fez o Chefchaouen, Marruecos ofrece una experiencia de viaje única, según la red de agencias de viajes azulmarino, que cuenta con cerca de 200 agencias en España y se especializa en viajes a Marruecos.

Marrakech es la ciudad más animada del reino. Atrae cada año a miles de visitantes que vienen a descubrir su medina y sus zocos. Los puestos repletos de alfombras, lámparas y especias se mezclan con el aroma del té de menta y el ruido constante de los artesanos trabajando el cuero o el metal. En la mítica plaza Jemaa el-Fna, se encuentran narradores, músicos y encantadores de serpientes durante todo el día. Los viajeros también podrán visitar los jardines Majorelle, con su intenso azul y su vegetación exótica, o la Palmeraie y los nuevos barrios de Gueliz e Hivernage, y pasar momentos agradables en los hoteles de lujo o los restaurantes de la ciudad ocre.

Además de Marrakech, Fez merece ser visitada, sobre todo su medina, una de las más antiguas del mundo islámico y declarada Patrimonio de la Humanidad, así como la mezquita Al-Qarawiyyin, considerada la universidad más antigua del mundo. Fez también es un paraíso para los amantes de la artesanía : la cerámica, el cuero, los mosaicos y los tejidos se fabrican con técnicas transmitidas de generación en generación. En cuanto a Chefchaouen, apodada la ciudad azul por las fachadas de las casas pintadas de este color, fascina por sus callejuelas empinadas y sus puertas de madera.

Otro lugar que visitar durante un viaje a Marruecos son las dunas del Erg Chebbi en Merzouga, en el desierto. Los viajeros podrán montar sus tiendas de campaña y contemplar el cielo estrellado o recorrer el desierto en dromedario o en 4x4, atravesando el valle de Draa lleno de palmeras. Los turistas también deben visitar Casablanca, la capital económica del reino, en particular su mezquita Hassan II. En Rabat, quedarán maravillados por los bulevares bordeados de árboles, sus jardines y su medina, sin olvidar la Kasbah de los Oudayas, el mausoleo de Mohamed V y la torre Hassan, un minarete inacabado del siglo XII que se yergue majestuoso frente al río Bourgreg.

Los viajeros también podrán descubrir la cocina marroquí en toda su diversidad. Empezando por el tajine y el cuscús, el plato nacional por excelencia. En los zocos, también podrán degustar brochetas, aceitunas, dulces de miel y almendras, todo regado con el imprescindible té de menta. Más allá de la gastronomía, Marruecos seduce por su legendaria hospitalidad. Desde los lujosos riad hasta las casas familiares del Atlas, el viajero siempre es recibido con una sonrisa. En total, viajar a Marruecos es una experiencia única. Los visitantes tendrán la oportunidad de descubrir un país tranquilo y hospitalario.

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