Marruecos-Argelia : los entresijos del plan estadounidense para una reconciliación
La reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que consagra el plan de autonomía marroquí como base para la resolución del conflicto del Sáhara Occidental, se percibe como un importante triunfo diplomático para Rabat. También se enmarca en una iniciativa estadounidense más amplia que busca la reconciliación entre Marruecos y Argelia.
Esta dinámica llega después de que un enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, mencionara un posible acuerdo entre los dos vecinos magrebíes en los próximos 60 días. La resolución del 31 de octubre, respaldada por Estados Unidos, parece ser un instrumento que la administración Trump quiere utilizar para obtener un éxito en política exterior. El objetivo sería estabilizar la región, integrar económicamente al Magreb, reforzar la cooperación antiterrorista en el Sahel y contrarrestar las influencias rusa y china, según analiza el Middle East Institute.
Sin embargo, este intento de acercamiento se enfrenta a una profunda rivalidad histórica. Desde la Guerra de las Arenas en 1963, los dos países han desarrollado modelos opuestos, con Marruecos siendo pro-occidental y Argelia revolucionaria. Hoy en día, esta rivalidad se traduce en dos visiones en competencia : Marruecos se posiciona como un puente económico hacia África, mientras que Argelia reivindica un liderazgo regional basado en la seguridad.
Posiciones de negociación complejas entre Marruecos y Argelia
Marruecos aborda este nuevo ciclo desde una posición de fortaleza. La resolución de la ONU corona una serie de éxitos diplomáticos, como el reconocimiento estadounidense de 2020 y el apoyo de España, Francia y el Reino Unido a su plan de autonomía. Estos apoyos han ido acompañados de inversiones extranjeras y una ventaja tecnológica, en parte gracias a su alianza con Israel.
Argelia, principal apoyo del Frente Polisario, sufre presiones crecientes. Si bien rompió relaciones en 2021, se percibe un cierto relajamiento desde la visita del asesor estadounidense Massad Boulos a Argel en julio de 2025. Argel estaría preocupada por evitar posibles sanciones estadounidenses relacionadas con sus compras de armas rusas, al tiempo que se ve diplomáticamente aislada en el Sahel, donde Marruecos refuerza sus vínculos.
Ambos países se enfrentan a restricciones internas. En Marruecos, el Sáhara está en el centro de la legitimidad monárquica, lo que hace que el plan de autonomía sea no negociable como tal. En Argelia, el poder militar utiliza la postura de "baluarte" contra la "amenaza marroquí" para mantener la cohesión interna. Un acuerdo deberá permitir a ambas partes reivindicar una victoria política, al tiempo que se gestiona una escalada militar marcada por presupuestos de defensa de 13.000 millones de dólares para Rabat y 25.000 millones para Argel.
El análisis sugiere una solución en dos fases. Una primera fase vería un alto el fuego garantizado por la MINURSO, una hoja de ruta para la autonomía que incluya al Polisario, un programa de desarme y un canal de diálogo directo entre Marruecos y Argelia facilitado por Estados Unidos. Una segunda fase implicaría iniciativas regionales lideradas por la UE sobre energía, antiterrorismo en el Sahel y gestión migratoria, transformando el conflicto en un instrumento de estabilización.
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