Marroquíes en los Países Bajos : ya no quieren elegir entre dos países
Durante mucho tiempo, los marroquíes en los Países Bajos fueron vistos a través de una pregunta simple : ¿son de aquí o de allá ? Para las nuevas generaciones, esta pregunta ya no tiene mucho sentido. Quieren poder ser holandeses, marroquíes, musulmanes, europeos o simplemente ellos mismos, sin tener que elegir una sola pertenencia.
Este es uno de los hilos conductores del estudio Migranten met Marokkaanse afkomst, land van herkomst en toekomst (Migrantes de origen marroquí, país de origen y futuro), realizado por Rasit Bal y Dick de Ruijter. El informe analiza la evolución del vínculo de los marroquíes en los Países Bajos con Marruecos y con la sociedad holandesa, desde los primeros trabajadores inmigrantes hasta las tercera y cuarta generaciones.
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Para la primera generación, el vínculo con Marruecos era concreto y cotidiano. Los trabajadores marroquíes vivían en los Países Bajos, pero su espíritu a menudo seguía orientado hacia la familia que quedaba en el país, el pueblo de origen, las remesas de dinero, las vacaciones y la idea de un posible retorno. Su presencia en Europa se pensaba como temporal.
Con sus hijos y nietos, esta relación cambió. Marruecos sigue siendo importante, pero ya no organiza toda la vida. Los Países Bajos ya no son solo un país de acogida : es el país donde se nació, donde se fue a la escuela, donde se trabaja, donde se forma una familia. Entre los dos, las nuevas generaciones ya no quieren necesariamente elegir.
Una identidad que cambia según los momentos
El estudio insiste en una idea central : la identidad de los marroquíes en los Países Bajos no es fija. Puede variar según los contextos. En la vida profesional, escolar o administrativa, la pertenencia holandesa puede ser dominante. En la familia, durante una boda, un nacimiento, una muerte o una fiesta religiosa, el origen marroquí puede regresar con fuerza.
Esta identidad no es, por lo tanto, una simple suma. Se construye por capas. Se puede estar apegado a los Países Bajos sin renegar de Marruecos. Se puede sentirse marroquí sin querer vivir en Marruecos. Se pueden mantener ciertas tradiciones familiares mientras se rechazan las obligaciones antiguas. Se puede reconocerse en el islam mientras se tiene una forma personal de vivirlo.
Esto es precisamente lo que los antiguos marcos de referencia entienden mal. Durante años, el debate público a menudo opuso el vínculo con Marruecos y la integración en los Países Bajos, como si uno necesariamente impidiera el otro. El estudio muestra, por el contrario, que para las generaciones nacidas o socializadas en los Países Bajos, estas pertenencias pueden coexistir.
Ni asimilación total ni ruptura
Los jóvenes marroquíes en los Países Bajos no siempre se ajustan a la imagen clásica de la asimilación completa. No desaparecen en una identidad únicamente holandesa. Pero tampoco necesariamente viven en separación con la sociedad. Su trayectoria es más compleja.
Muchos hablan holandés, crecieron en instituciones holandesas, tienen amigos, trabajo y vida social en los Países Bajos. Al mismo tiempo, mantienen una relación con el origen marroquí, a veces a través de la familia, a veces a través de la religión, a veces a través de recuerdos transmitidos por los abuelos, a veces a través de vacaciones o grandes eventos familiares.
Este vínculo puede ser fuerte, discreto, intermitente o incluso contradictorio. Algunos se sienten muy preocupados por Marruecos. Otros van menos a menudo. Algunos quieren invertir allí. Otros no se ven viviendo allí. Pero no todos encajan fácilmente en una sola categoría.
La mirada de los otros lo complica todo
Esta negativa a elegir es también una respuesta a la percepción externa. El estudio muestra que algunos marroquíes en los Países Bajos continúan sintiéndose remitidos a sus orígenes, incluso cuando nacieron en el país. Su identidad holandesa puede ser cuestionada por la sociedad, mientras que su identidad marroquí puede ser discutida por la familia o por quienes permanecieron en Marruecos.
Esta doble mirada crea tensión. En los Países Bajos, pueden ser percibidos como marroquíes. En Marruecos, pueden ser vistos como holandeses. Pertenecen a ambos mundos, pero también pueden tener la impresión de no ser totalmente aceptados en ninguno.
Por eso la pregunta "¿eres más marroquí u holandés ?" se vuelve insuficiente. Para muchos, la respuesta depende del momento, del lugar, de las personas, de la experiencia vivida. Su identidad no es una nacionalidad única para marcar, sino una realidad familiar, social y personal.
Una generación más libre, pero también más expuesta
Esta identidad múltiple también da más libertad. Las nuevas generaciones pueden elegir qué mantienen, qué transforman y qué abandonan. Pueden retomar tradiciones marroquíes en una boda, invertir en Marruecos sin hacerlo para toda la familia, hablar del país de origen sin querer regresar allí permanentemente, o vivir su religión de manera diferente a sus padres.
Pero esta libertad tiene un precio. Cuanto más la identidad se vuelve personal, más puede ser cuestionada. Algunos les reprochan no ser lo suficientemente holandeses. Otros no ser lo suficientemente marroquíes. Otros aún interpretan su apego religioso o familiar como un rechazo a la integración.
El estudio muestra, sin embargo, que esta complejidad se ha vuelto normal. Los marroquíes en los Países Bajos ya no viven en el mismo mundo que los primeros trabajadores inmigrantes. Son más móviles, más educados, más conectados, más expuestos a múltiples culturas y más capaces de construir sus vidas entre múltiples referencias.
Marruecos y los Países Bajos, no uno contra el otro
En el fondo, esta evolución cuenta una historia de transformación en la relación con ambos países. Marruecos ya no es solo el país del retorno, del pueblo y las obligaciones familiares. Los Países Bajos ya no son solo el país del trabajo o del asentamiento. Los dos pueden existir juntos, pero de manera diferente.
Para algunos marroquíes en los Países Bajos, ya no se trata de elegir entre dos lealtades. Se trata de componer con múltiples herencias. Marruecos puede seguir siendo un origen, una memoria, una cultura, una emoción o una posibilidad. Los Países Bajos pueden seguir siendo el país de la vida cotidiana, de los derechos, del futuro, pero también a veces del rechazo o la duda.
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Esta es la realidad que el estudio pone de relieve : las nuevas generaciones ya no quieren estar encerradas en una alternativa. No quieren tener que borrar Marruecos para ser holandeses, ni renunciar a los Países Bajos para seguir siendo marroquíes. Su identidad se construye precisamente en este espacio intermedio, con sus tensiones, sus libertades y sus contradicciones.
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