Lejos del caos de Marrakech : este pueblo que inventó el turismo del futuro

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Lejos del caos de Marrakech : este pueblo que inventó el turismo del futuro

Al contrario del tumulto de Marrakech, el pueblo bereber de Imlil cultiva un modelo de turismo lento y solidario. Impulsado por la Kasbah du Toubkal, este bastión del Alto Atlas financia el desarrollo local al tiempo que preserva su autenticidad.

Situado al pie del monte Toubkal, punto más alto del norte de África (4 160 m), Imlil ofrece un contraste sorprendente con la saturación turística de Marrakech. Mientras que la "Ciudad Ocre" se encuentra ahora entre los destinos más superpoblados del mundo, este pueblo de montaña preserva una economía rural basada en la agricultura y una hospitalidad tradicional. Aquí, la ausencia de grandes cadenas y de Wi-Fi generalizado favorece una inmersión centrada en el aire puro y la arquitectura de adobe, según relata Metro.co.uk.

El motor de esta resiliencia es la Kasbah du Toubkal, un establecimiento pionero del turismo responsable abierto en 1995. Fundado por Mike McHugo y Omar Ait Barmed, el albergue emplea exclusivamente a habitantes del valle y reinvierte el 5% de su facturación en la Asociación Comunitaria de Imlil. Este apoyo financiero ha permitido financiar servicios esenciales, en particular la única ambulancia de la zona, un sistema de gestión de residuos y programas educativos para las mujeres.

Este modelo de solidaridad ha demostrado su eficacia durante el devastador terremoto de septiembre de 2023. El albergue y las infraestructuras del pueblo fueron reconstruidos por los propios habitantes, lo que demuestra una fuerte cohesión social. Para los residentes, el turismo se ha convertido en un pilar de supervivencia indispensable frente al cambio climático : la disminución de las nevadas en los últimos cinco años debilita las cosechas de nueces y cerezas, lo que hace que acoger a los viajeros sea vital para la economía local.

A diferencia de las zonas costeras y urbanas de Marruecos, marcadas por una urbanización galopante y una escasez de agua, Imlil apuesta por la transmisión cultural. Las visitas a las casas de los habitantes, como la preparación del tradicional tajine o el aprendizaje de la lengua amazigh, siguen siendo el corazón de la experiencia. Este enfoque preserva el "sentido de comunidad", un valor cardinal que los bereberes del Alto Atlas pretenden proteger a pesar del constante auge del sector turístico nacional.

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