Agadir : hoteles acusados de bombear agua en secreto

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Agadir : hoteles acusados de bombear agua en secreto

La alerta es grave para la capital de Souss-Massa. Mientras Marruecos se enfrenta a un estrés hídrico estructural, un estudio aplicado realizado por tres investigadores marroquíes señala la gestión del agua en los establecimientos hoteleros de Agadir. Entre el derroche en los baños, el uso no declarado de pozos y la falta de dispositivos de ahorro, el sector turístico está llamado a revisar urgentemente su plan de acción.

La investigación publicada en la Revista de Estudios Jurídicos, Territoriales y de Desarrollo, presenta un panorama preocupante de la distribución del oro azul en los hoteles de Agadir. Las cifras son elocuentes : los baños son los puestos más consumidores de energía con el 27% del consumo total, seguidos de cerca por los restaurantes internos (26%). Contrariamente a las ideas preconcebidas, las piscinas (18%) y los jardines (9%) no son los principales culpables, aunque su impacto sigue siendo significativo, sumándose al 20% absorbido por la limpieza y el servicio de las habitaciones.

Más allá de esta distribución, el estudio plantea un problema de fondo : la mayoría de los establecimientos no aplica ningún principio de ahorro de agua. Peor aún, las facturas oficiales no reflejan la realidad de los extracciones. Muchos hoteles cubren sus necesidades bombeando directamente del acuífero a través de pozos no facturados, escapando así al sistema de tarificación por tramos. Esta práctica oculta un consumo excesivo crónico, mientras que más de la mitad de los establecimientos (54,4%) ya se encuentran en los tramos de facturación más altos (5º y 6º), una situación exacerbada durante los picos turísticos del verano y las fiestas de fin de año.

Ante esta constatación, los investigadores lanzan la alarma y recomiendan medidas inmediatas para equilibrar la oferta y la demanda en el municipio urbano. El estudio propone el abandono de los equipos obsoletos a favor de grifos automáticos ahorradores, la búsqueda sistemática de fugas en la red de distribución y, sobre todo, una mayor sensibilización del personal. Para los autores, cambiar los hábitos de consumo de los empleados y los clientes ya no es una opción, sino una necesidad económica y ecológica para evitar que la factura, tanto financiera como ambiental, se vuelva insostenible.

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