Marruecos : La guerra del ruido enfrenta a vecinos y salas de fiestas
En muchas ciudades marroquíes, la implantación de salas de fiestas dentro de los barrios residenciales se ha convertido en una fuente de conflicto. Los habitantes, cuyas quejas se multiplican, denuncian los casi permanentes ruidos molestos que, según ellos, violan su derecho fundamental al descanso y la tranquilidad.
El ruido de la música, a veces prolongado hasta el amanecer, y el uso de petardos afectan directamente la calidad de vida de los residentes. Los testimonios hablan de personas mayores y enfermas que tienen dificultades para encontrar la calma, y de bebés cuyo sueño se ve perturbado. Un residente resume el problema : "El problema no es el matrimonio ni la fiesta, sino el permiso otorgado a estas salas en barrios superpoblados, cuando su lugar natural está fuera de las ciudades".
Ante numerosas quejas, el Centro Marroquí de Derechos Humanos (CMDH) se ha pronunciado sobre el tema. Entrevistado por Al3omk, su presidente, Abdelilah El Khadri, afirma que este fenómeno "atenta contra los derechos fundamentales de los ciudadanos". Aclara que "el derecho de los habitantes a la tranquilidad y la quietud es una extensión natural de los derechos constitucionales a la seguridad física y psicológica, así como a la calidad de vida". Según él, las salas que operan sin respetar las reglas generan "daños psicológicos y de salud, así como tensiones sociales".
Ante esta constatación, el CMDH ha formulado una serie de propuestas concretas. La ONG aboga por una revisión de los pliegos de condiciones de las salas de fiestas para imponer normas estrictas, como el aislamiento acústico obligatorio, el establecimiento de horarios de cierre y la prohibición de altavoces en el exterior. También llama a la implementación de rondas de control nocturnas realizadas conjuntamente por las autoridades locales y la policía, y a un sistema de sanciones que vayan desde la advertencia hasta la retirada de la licencia.
Para Abdelilah El Khadri, el núcleo del problema no radica en un vacío jurídico, sino "en su aplicación". Señala "la debilidad del control y la vacilación de las autoridades para imponer sanciones", lo que habría permitido que el fenómeno se agravara. Concluye que se trata de un tema de justicia, considerando que "hacer justicia a las personas afectadas es un deber legal y moral de las autoridades públicas".
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