En Bélgica, el ramadán se convierte en un fuerte marcador identitario para algunos jóvenes
En Bélgica, el mes de ramadán se ha convertido en un poderoso marcador identitario entre los jóvenes, llevando a algunos niños desde los 8 años a ayunar pese a las recomendaciones sanitarias, en un clima de presión social.
Este año, una vez más, el invierno ofrece jornadas cortas y frescas que facilitan físicamente la práctica del ayuno. Para Michaël Privot, islamólogo y fundador del Consejo Musulmán de Bélgica, este calendario favorable anima a los más jóvenes a participar. Sin embargo, numerosos centros escolares constatan que niños desde los 8 años se lanzan a esta práctica religiosa, a menudo impulsados por el deseo de demostrar su resistencia o por una forma de competición con sus compañeros, lo que en ocasiones obliga a los padres a intervenir para que se alimenten, explica La Dernière Heure.
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Más allá de la práctica religiosa, el ayuno se ha convertido en un símbolo especialmente visible de lealtad comunitaria. A diferencia de la oración, que puede mantenerse en privado, el ramadán es un acto público. « Si no rezas, nadie lo sabrá. En cambio, si no ayunas, se notará », analiza Michaël Privot. Esta dimensión social genera una presión en la que la pertenencia al grupo a veces prevalece sobre los propios preceptos, dando lugar a llamadas de atención dentro de los barrios.
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Para Mustapha Chairi, presidente del Colectivo por la Inclusión y contra la Islamofobia en Bélgica (CIIB), esta intensificación de la práctica religiosa entre los adolescentes también refleja la necesidad de aferrarse a la espiritualidad en un clima social difícil. Ante un sentimiento de estigmatización permanente, la religión se convierte en una esperanza y un refugio. Esto se manifiesta en una aplicación más rigurosa de los códigos religiosos, como vestir ropa tradicional para acudir a la mezquita, marcando una ruptura con los hábitos cotidianos.
A pesar de este fervor, los expertos recuerdan que, por el bienestar físico del niño, la práctica no debería comenzar antes de los 15 años. El debate también se ha trasladado al espacio público belga, donde la iluminación de algunas calles con motivo de la ocasión suscita reacciones diversas. Entre la afirmación personal y la búsqueda de referentes, el ramadán 2026 confirma su lugar como eje cultural para una juventud en busca de reconocimiento y sentido.
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